Cosas de la Era de TrujilloUncategorized

Cayo preso por preguntar

Cayo preso por preguntar

 

Cuando oigo o leo a jóvenes de las actuales generaciones decir que desean que Trujillo vuelva a gobernar el país, me siento triste  y apesadumbrado por la falta de conocimientos que ese juicio entraña. No saben esos jóvenes que fue esa cosa llamada Era de Trujillo.

Si la conocieran no pensaran de esa forma, porque esa etapa de la vida del pueblo dominicano fue un largo periodo de sufrimiento, dolor y perdida de los valores democráticos y humanos de la sociedad entera.

Me apena y entristece oír ese juicio, pues entraña un desconocimiento total de lo que fue la llamada Era de Trujillo. No saben que fue un periodo de de violación sistemática a todos los derechos de las personas.

Por eso, cuando Fellito Bencosme, agricultor serio y tranquilo, de Los Robles, Juan López, Moca; envío a su muchacho a estudiar a la capital, un nudo de angustia se apodero de su corazón, pues él sabia bien el porque de esa sensación. El había sufrido en carne propia la persecución y atropellos de la dictadura por el simple hecho de llevar el apellido Bencosme.

Esa política de exterminio contra los varones  que llevaban ese linaje era una forma de Trujillo vengarse del coraje del General Cipriano Bencosme que en los inicios de la implantación de su régimen criminal, se levanto heroicamente en los cerros del Mogote, Moca, para enarbolar la bandera de la libertad conculcada.

Darío, su muchacho, era tranquilo como el padre, pero con grandes deseos de estudiar y superarse alcanzando un grado académico en la universidad. Desde los cursos primarios se había ganado una beca para cursar como interno en el prestigioso y austero colegio Santo Tomas, dirigido por el eximio profesor, don Parmenio Troncoso de la Concha, ilustre educador y forjador de hombres de conciencias sanas y rectas.

Ya graduado de bachiller se inscribió en la única universidad que existía en el país en esa época. Su madre y hermanas se encomendaron al Señor para que a su hijo y  hermano mayor no sufriera ningún percance en esta nueva etapa de su vida.

Para costearse los gastos de estadía en la capital se empleo como profesor en el Liceo nocturno que impartía sus clases en la zona colonial. Sus estudios marchaban bien y su vida transcurría tranquila y sin problemas.

Asistia a conciertos, veladas artísticas, conferencias, exposiciones y recitales, como una forma de aumentar sus conocimientos literarios y fortalecer su nivel cultural. Aprendió idiomas y se vinculo a sectores artísticos y culturales que todavía hoy mantiene.

A punto de finalizar su carrera estudiaba una asignatura llamada Derecho Administrativo, área del derecho general que tiene que ver con la organización en detalle del estado y sus instituciones.

Un capitulo de esa materia era el correspondiente a las fuerzas armadas. Su composición, distribución, rangos, insignias, nomenclatura y usos propios de los militares. En el curso en que Darío impartía docencia había un alumno que era militar y asistía  regularmente. Entre alumno y profesor existía una relación personal normal y llevadera.

El alumno se mostraba afectuoso con su profesor y éste le trataba de forma respetuosa.

A fin de conocer en detalle la estructura de las fuerzas armadas, tal como lo exigía el texto universitario, Darío se vio precisado a preguntarle a su alumno cierto detalle que desconocía. ¿Cuánto hombres tienen actualmente las Fuerzas Armadas del país? Pregunto ingenuamente el profesor a su amigo estudiante. “ no conozco, el numero profesor, pero puedo averiguar”, fue la respuesta del militar.

Al día siguiente Darío Bencosme y Báez, fue requerido y llevado en calidad de preso a la Fortaleza Ozama y encerrado en una obscura y tenebrosa celda solitaria. Si bien la sola cárcel infundía un miedo pavoroso, no menos cierto era que el conocimiento del nombre del oficial que comandaba esa fortaleza daba terror, pues se trataba de un oficial de largo historial de practicas represivas que se iniciaron públicamente militando en la banda de asesinos denominada La 42, que bajo la jefatura de Miguel Paulino, sembró el terror entre los años 1929-30. El segundo hombre de la La 42, era Evangelista Cabrera, quien a la sazón comandaba la fortaleza Ozama cuando Darío cayo preso.

Durante un largo mes estuvo encerrado en su celda solitaria el infortunado estudiante mocano Darío Bencosme, por preguntar cuantos guardias tenia el Ejercito. Su desaparición lleno de espanto a sus familiares y amigos, pues nadie sabia donde estaba, ni porque se había desaparecido de la escuela y de la universidad. En el hogar paterno todo era llanto y pesar.

La madre y las hermanas rezaban a diario el rosario y las oraciones hogareñas en suplicas al Creador para que su hijo apareciera.

Un día calladamente como fue detenido fue puesto en libertad, con la sola advertencia de que no volviera a preguntar  nada sobre el régimen ni de las fuerzas armadas. El interrogatorio a que fue sometido será tema de otro trabajo que entregaremos próximamente. Hasta el día de hoy Darío no pregunta, solo habla de libros, conciertos, obras teatrales y la vida del Patricio Juan Pablo Duarte.

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El autor

José Abigail Cruz Infante

José Abigail Cruz Infante

Nació en Santiago de los Caballeros. Casado. Residente en Santo Domingo.

Graduado Magna Cum Laude en Derecho. Parlamentario por varios años representado su provincia Espaillat en el Senado y la Cámara de Diputados. Ha sido Secretario de Estado y vicepresidente del Parlamento Latinoamericano. Miembro del Consejo Consultivo de FOPREL.

Escritor de varios libros sobre Moca. Director Administrador del blog Mocanos.net.