Cosas de la Era de Trujillo

Cosas de la era de Trujillo: Cena del Matum, 1955

Cosas de la era de Trujillo: Cena del Matum, 1955

Personas que han leído mis anteriores artículos sobre cosas que ocurrían en la dictadura de Trujillo, especialmente, jóvenes que no vivieron esa etapa histórica del país, me interrogan sobre la veracidad de los hechos, pues realmente ponen en duda detalles de lo narrado.

Les explico que sólo escribo sobre aquellas situaciones de las cuales tenga conocimiento directo por haber recibido el relato de los protagonistas o testigos de excepción, o, por investigaciones documentales que prueban los hechos señalados.

Se trata obviamente de personas que no vivieron ese tiempo y de otras que desean desconocer cómo funcionan las dictaduras, y una como la de Rafael Leónidas no era cosa fácil.

Entender los hechos se hace difícil cuando se conocen después de años de vida democrática.

En días pasados, en Barcelona, España, me cuestionó sobre la temática un inquieto joven oriundo del Sur del país, que ahora reside en esa región española y cuyo nombre es Jorge Méndez Herasme, que había leído los artículos publicados anteriormente y deseaba ampliar sus conocimientos en la materia.

Trujillo fue un celoso guardián de su poderío, y de su nombre de hombre fuerte.

No admitía dudas al respecto.

Era un jefe absoluto, nadie podía atentar contra esa figura casi mítica que él había creado.

Toda la maquinaria propagandista e ideológica del régimen estaba al servicio de esa concepción del mando.

El poder era todo para el Jefe y  sólo para él.

Un episodio que retrata perfectamente esa particular apreciación de la sociedad dominicana de la era y sus hombres, ocurrió el 6 de agosto de 1955, cuando en el Hotel Matum de Santiago se celebró una concurrida cena para festejar  los cuarenta (40) años de graduado como abogado del licenciado Federico C. Alvarez.

Este prestigioso profesional del derecho había nacido en Montecristi, pero ejercía de por vida en Santiago.

Era toda una figura en el foro nacional.

A  la par de su ejercicio como abogado sobresaliente, don Federico era un prominente miembro del Rotary Internacional, llegando a desempeñar la Gobernación del Distrito de la República Dominicana.

Para celebrar tan especial aniversario un grupo de abogados de Santiago decidió celebrar una gran cena para festejar al meritorio jurista.

El licenciado Eduardo Sánchez Cabral, otro brillante abogado de la ciudad encabezó el Comité Organizador del homenaje.

Su hijo, también abogado se constituyó en uno de los más dinámicos promotores del acto a cuyo fin viajó a diferentes pueblos para invitar a las personalidades que asistirían al evento.

En Moca, en una sesión ordinaria del Club Rotario local se formalizó la invitación, en ocasión de la visita del doctor Máximo Sánchez, portador de la misma.

Se recibió con una amplia aceptación, dado el prestigio de don Federico y los vínculos amistosos y profesionales que tenia con la comunidad mocana.

Contaba el abogado mocano,  doctor F. Archibaldo Vásquez, que el día anterior le había nacido su primogénito Carucho, y estando en la clínica con su esposa y su recién nacido hijo llegó su suegro el rico hacendado don Buchín Henríquez, que le dijo, “ vine a conocer mi nieto y a pedirte que me acompañes a la cena de Federico Alvarez en Santiago”.

Archibaldo aceptó y acompañó a su suegro al malhadado evento del Matum.

Allí se encontró con una nutrida delegación de rotarios mocanos que también asistían, entre ellos: Carlos, Antonio, Héctor y Luis Felipe Rojas Badia; José Antonio Guzmán (Fito), Dr. Octavio Guzmán Arzeno (Tavito); Dr. Antonio Rosario, Dr. Manuel R. García Lizardo.

El salón estaba repleto de concurrentes de todo el país.

Se inició el acto con el discurso de Eduardo Sánchez Cabral en su condición de principal organizador del mismo.

Fue un discurso vibrante, encendido y de una esplendida laudatoria a los méritos del homenajeado.

Orador de verbo fácil apóstrofes cardinales, Sánchez Cabral se crecía cuando de su sonora garganta salían expresiones enfáticas para referirse a las delegaciones asistentes, decía, “aquí está Montecristi, tierra de heroicas rebeldías”; “aquí esta Moca, la del Viaducto que será siempre la del 2 de Mayo”.

Es bueno hacer constar que a la sazón los rieles de acero que formaban la vía férrea del viaducto habían sido trasladados por Trujillo a su finca de Fundación, en San Cristóbal, o a Catarey.

En ese ambiente de exaltación y de contenidos pujos de evocación histórica a los procesos libertarios de un pasado aleccionador, el orador elevaba su discurso para cautivar a auditorio.

En la mesa de los mocanos Antonio Rosario se inclina hacia el hacendado Henríquez y le susurra “don Buchin, parece que estamos en un mitin de la oposición”.

En la mesa principal del acto se encontraban legisladores, jueces y funcionarios, así como distinguidos abogados de todo el país, también invitados.

Terminó el acto.

Al día siguiente y en la infamante  y denigrante sección del periódico El Caribe, denominada Foro Público, un engendro de las mentes más intrigantes del régimen.

Salió un foro supuestamente originado en Santiago dando cuenta que en esa cena se omitió el nombre del Jefe.

Fue este el inicio de una cadena de hechos y acusaciones que dieron origen al mayor escándalo político de esos años, inaudito.

Se llegó al extremo de lo ridículo, de lo degradante, de la cobardía, de la doblez y, sobretodo, se puso de manifiesto el temor con que la iras de Trujillo sobrecogían al país.

En próximas entregas daremos los detalles de este escándalo político de la Era de Trujillo, pues hemos consultados los periódicos de la época y  hemos conversado con protagonistas de los hechos comentados.

Nos mueve el simple interés de airear cosas que ocurrieron en la Era para conocimiento de las nuevas generaciones que ignoran esos episodios.