Temas históricos

Episodio trágico en Moca: el degüello.

Un hecho sangriento  que marcó histéricamente al pueblo de Moca.

EPISODIO TRAGICO: EL DEGÜELLO

 

En 1923 los historiadores Fray Cipriano de Utrera, español, y el Lic. Leonidas García, dominicano, sostuvieron una interesantísima polémica histórica, teniendo como tema de controversia el llamado “degüello de Moca”.

El escritor Franciscano mantenía la audaz tesis de que las versiones circulantes sobre el trimestre célebre hecho eran abultadas y en extremo exageradas.

Pero el Lic. García, con fundamentales documentaciones, destruyó el aserto, derrotó abrumadoramente al Padre Utrera en sus impugnaciones, y probó por ende, con autoridad irrefutable, la veracidad de los textos clásicos de José Gabriel García, Antonio Delmonte y Tejada y Javier Angulo Guridi. Ambos trabajos de los polemistas fueron publicados por la revista criolla “Panfilia”, en sus ediciones números 10 y 11, del 30 de noviembre y del 15 de diciembre del año 1923.

Así pues, no obstante lo afirmado por don Cayetano Armando Rodríguez, de que el degüello de Moca se redujo a la entrada de unos cuantos haitianos en la casa donde residía el padre de don Basilio Vásquez, o sea, el abuelo del general Horacio Vásquez, mientras el dueño de la casa se encontraba acostado, pues era la hora de la siesta, y al entrar los invasores al aposento, el señor Vásquez, en legítima defensa y usando sus armas mató dos, pero siendo siempre víctima de los demás; no obstante esta aseveración, ha quedado claramente establecido que las proporciones alcanzadas por el luctuoso y funesto acontecimiento fueron espantosas sin ningún lugar a dudas.

Vetilio Alfau Duran, con su fino lente de indagador de nuestro pasado lejano, lo ve como “acaso el más cruento y horroroso episodio de nuestra historia”.

El padre Utrera se permitió considerar el degüello de Moca “simplemente como un hecho criminal contra varias personas, y no con una desgracia general o miseria efectuada contra la población de Moca”.

En cambio, contrariamente a esto, Delmonte y Tejada (1780-1861), quién salió de país en 1804, es decir, un año antes de ocurrir la tragedia Matanza de Moca, habiendo publicado en Cuba su compendio de “Historia de Santo Domingo”, contempla el suceso y lo mide en toda su magnitud, después de haber debido en la fuente de otro autor, cuya seriedad y honradez son irrebatibles: el licenciado Gaspar Arredondo y Pichardo, santiagués también como él, y el cual escribió “Historial de mi salida de la isla de Santo Domingo el 28 abril de 1805”, pudiendo leerse en este documento lo siguiente: “nos informaron de que en Moca el 3 de abril de 1805, habían los negros pasado a cuchillo aquella mañana a todo ser viviente, para cuyo fin el comandante Jouvert había llegado allí con tropas, dando la orden de que las mujeres de todas clases y edades se reunieran en la iglesia y los hombres en la plaza, pues todos, bajo la buena fe de la capitulación celebrada con los vecinos partidos, debían de obedecer a las prevenciones del jefe que mandaba. Todos obedecieron creyendo que se iba a proclamar algún indulto o gracia en favor de ellos, y el indulto fue degollarlos a todos luego que se verifico la reunión prevenida, como ovejas encorraladas. Que los negros luego que consumaron el  sacrificio espantoso, sacrílego y bárbaro, abandonaron el pueblo; que de todas las mujeres que estaban en la iglesia, solo quedaron con vida dos muchachas que estaban debajo del cadáver de la madre, de la tía o de la persona que las acompañaba y se fingieron muertas, porque estaban cubiertas con la sangre que le había derramado el cadáver que tenía encima; que en el presbiterio, había por lo menos, cuarenta niños degollados y encima del altar una señora de Santiago, doña Manuela Polanco, esposa de don Francisco Campo, miembro del Consejo Departamental, que fue sacrificado el día de la invasión y colgado en los arcos de la Casa Consistorial, con dos o tres heridas mortales de que estaba agonizando. Que don Antonio Gerladino, don Mateo Muñoz y el capitán de aquel partido, don José Lizardo, habían sido sorprendidos en su casa, y atados a sus camas los incendiaron, incluyendo en el número de las victimas aquellas señoras hermanas de nuestro cura, escapadas del degüello de Santiago. Doña Antonia David, que resistida a los torpes deseos de uno de aquellos feroces salvajes, fue atravesada de un bayonetazo en la puerta del templo; una de las escapadas, de 18 años de edad, era hija de don Antonio Salcedo, quien había casado en segundas nupcias, el mismo día de carnestolendas en que perdió al marido sacrificado con los demás. El padre Geraldino no se sabía de él; después se supo que los negros se lo llevaron al retirarse del sitio que pusieron a la capital.

Existe otro manuscrito que como el anterior estuvo en poder de los hermanos Leonidas y Alcides García, pasando luego este último documento a mano del arzobispo Monseñor Luis A. de Mena, he ignorándose actualmente su destino.

Se trata del titulado “Desgracias de Santo Domingo”, debido a la pluma del Pbro. Juan de Jesús Fabián Ayala. Del reproducimos el siguiente párrafo: “luego que los occidentales principiaron a bajar del sitio que pusieron a Santo Domingo, el General Clervó ordenó sigilosamente, que en el pueblo de Moca, que el Cibao todos perecieran a cuchillo y para esto un día festivo, llena la iglesia de toda clase de gente,  mayores y menores, bloquearon la iglesia en que oficiaba el reverendo padre Fray Pedro Geraldino y avisado este por un oficial de que solo el escaparía entre el templo, exhorto desde el altar al pueblo, al comandante y plana mayor para que hiciesen un acto de contrición porque iban a morir en el momento.
!Qué conflicto para tantas víctimas que llenaban la iglesia! Todos, pues, haciendo su deber como cristianos, hubieron de morir en el instante al filo de las bayonetas pero la señorita María Tavares (hermana del victimario de Santiago, refugiada en Moca), y otras varias aun queridas, escaparon bajo los cadáveres de sus semejantes”.

Ahora vamos a referirnos al testimonio por demás honorable de Javier Angulo Guridi, citado por José Gabriel García, y tomado de su “Geografía de Santo Domingo” que se editó en 1866.

La versión del autor de “iguaniona” esta relatada en los siguientes términos: “al recibir la noticia de la vergonzosa retirada Dessalines, el bárbaro Tabaré, a quien estaba encomendada la común, hizo salir de los montes a las familias dominicanas, diciéndoles que la tranquilidad estaba ya restablecida, y las convido al tedeum que con tal motivo había dispuesto se cantara. Cuando al día siguiente estuvieron en el templo de Moca aquellas familias con varios vecinos más (sobre 450 personas), Tabaré hizo una seña, las puertas se cerraron, y todos, hasta el sacerdote, fueron salvajemente degollados”.

Nos decía don Rubén de Lara que contaba dona Carlixta Figueroa, madre de Don José Ma. Michel, que al madre de ella salvo la vida fingiéndose muerta debajo de algunos cadáveres y que los haitianos le cortaron un brazo para robarle un brazalete de oro.

Para mayor abundamiento en lo que respecta a la magnitud del nefasto suceso, ofrecemos a continuación cinco testimonios que demuestran las justas dimensiones del siniestro acontecimiento.

Comencemos por el de José Gabriel García: “también en Moca se representaron escenas terribles capaces de consternar a los corazones mas endurecidos. Dadas por Cristóbal amplias garantías a Fray Pedro Geraldino. Sacerdote de reconocidas virtudes, en favor de las familias fugitivas, fueron estas saliendo poco a poco de sus escondites y se dirigieron a la población,  donde en vez de las seguridades con que contaban, no encontraron sino una muerte desastrosa; pues habiéndose anunciado que el día 3 de abril se cantaría un tedeum solemne con acción de gracias por la feliz terminación de la lucha, acudieron al templo más de quinientas personas de todas clases, sexos, y edades, además de la soldadesca desenfrenada de Faubert, la cual cerro todas las puertas al comenzar la ceremonia y se entregó de lleno al desorden, saciando su furor brutal sobre aquella concurrencia inofensiva, de la que quedaron muy pocas personas con vida, porque hasta el sacerdote que oficiaba fue ensartado en las bayonetas, en medio de la espantosa gritería de aquella horda de salvajes”. (“Compendio de la Historia de Santo Domingo”), tomo 1.

Bernardo Pichardo apunta sobre el particular: “en Moca se degolló en el templo a puertas cerradas, a más de 500 fieles de todos sexos y edades sin que se escapara al filo del cuchillo exterminador párroco Fray Pedro Geraldino”. (“Resumen de Historia Patria”).

Por su parte, Benjamín Summer Wellers escribe: “En Moca, el 3 de abril, los residentes fueron congregados en números de quinientos, en la iglesia para presenciar un solemne Te-Deum en acción de gracias por las pacificas intenciones de su conquistador, ahí a mansalva fueron degollados sin misericordia, solamente algunos  niños pudieron escapar, ocultos bajo las faldas de su madres muertas”. (“La viña de Naboth”, tomo primero). Manuel Ubaldo Gómez consigna en relación con el al asunto: “En Moca, el 3 de abril, en ocasiones de un Te-Deum que se cantaba en acción de gracias por el triunfo que propalaban haber obtenido sobre los franceses, degollaron más de quinientas personas que concurrieron, entre los cuales sufrió la misma surte el cura que oficiaba, Fray Pedro Geraldino”.
(“Resumen de Historia de Santo Domingo”, octava edición, 1937).

Finalmente, Ramón Marrero Aristy presenta esta versión: “Esta vez era a Moca a la que le iba a corresponder el turno del más grande desastre, y después de Dessalines haber dado seguridades al padre fray Pedro  Geraldino, amado por sus elevadas virtudes, de que todos podrían vivir en paz bajo las garantías que el ofrecía, cuando este buen sacerdote llamó a sus fieles para que asistieran a un Tedeum que en acción de gracias por haber terminado la guerra, se celebraría en la iglesia parroquial el día 3 de abril, al acudir al público al templo en número de más de quinientas personas de ambos sexos y de todas las edades, se consumó el horrendo hecho de proceder al degüello de la concurrencia. Don Antonio Geraldino, don mateo muñoz y el capitán del partido de Moca, don José Lizardo, sorprendido en sus casas fueron atados a sus respectivas camas y quemados vivos al ser incendiadas las correspondientes viviendas”. (“La República Dominicana”, tomo primero, 1957).

El degüello es un crespón de luto que convierte a Moca en la ciudad mártir de la historia dominicana.