Cosas de la Era de TrujilloUncategorized

La familia Perozo enfrento a Trujillo

 

 

 José Luis Perozo Fermin

 

El exterminio sistemático y criminal que la dictadura de Trujillo sometió a la familia Perozo, no tiene comparación en los anales de la lucha conta la opresión trujillista.

Desde un inicio del regimen los hermanos Perozo se enfrentaro con decisión y valentia a los desmanes del dictador aun con las armas en las manos. Fue una lucha desigual, temeraria y al final suicida, pero el arrojo de ellos no tenia limites humanos. Ofrendaron su vida por la libertad del pueblo dominicano.

Son un ejemplo de valor civico y coraje personal.

Fueron muchos los crímenes que se cometieron en la larga Era de Trujillo por mandato del dictador, aunque según Balaguer otros muchos se les deben cargar a los intrigantes y delatores que llenaban su mesa de trabajo con chismes y maquinaciones, que a veces resultan en desenlaces mortales.

Tan cierto parece haber sido ello que  en una ocasión, al tomarle el juramento en le Palacio Nacional al nuevo gobernador de Moca le dijo Trujillo: “mira ese escritorio lleno de denuncias que me llegan de tu pueblo; quiero que me acabes con esos chismes e intrigras”.

La delación, el chisme y la denuncia irresponsable se hizo práctica corriente en casi todos los estamentos de la sociedad dominicana.

Antes que Johnny Abbes organizara la infernal maquinaria del SIM, en los cincuentas, ya se conocían casos de padres delatando a sus hijos, vecinos intrigando contra su cercano vecino, hijos vendiendo a sus padres por sus monedas o un puesto en el  gobierno.

Hasta ahí fue inducida la degradación moral en sectores de la población dominicana que por miedo, por falta de valor cívico, por interés de lucro ó encumbramiento caían en tan despreciables acciones.

Trujillo era sañudo con sus enemigos, no daba tregua ni conocía límites en la extensión de sus venganzas.  Era un animal en toda la propiedad del término.

Un animal político movido por sus más bajos instintos sanguinarios, que no conoció de sentimiento piadoso alguno cuando de exterminar a su adversarios se trataba.  Así consumió a veces a familias enteras, sin respetar niños, mujeres o ancianos.  Sencillamente implacable, usaba el infinito poder que tenía para aplastar y acabar.

Todos los crímenes políticos ó no políticos son odiosos, y repugnan a la conciencia moral del hombre.  Cuando son cometidos por los que detentan el poder público se hacen aun más odiosos, pues revelan la determinación de no respetar ideas, opiniones o posiciones contrarias, sometiendo a la sociedad a un estado de terror e intimidación; el miedo surge y el ambiente democrático desaparece, se entroniza la dictadura.

Antes de juramentarse como presidente en 1930, ya Trujillo había dado señales de cómo era que gobernaría y cual era su estilo para callar a sus opositores y enemigos.

El asesinato del líder político santiagués Virgilio Martínez Reyna y su embarazada esposa Altagracia Almánzar no dejaba dudas de lo que acontecería en el país, tal como lo había radiografiado el general Cipriano Bencosme en su célebres hojas sueltas en la contracampaña electoral de es año agorero.

La familia Perozo tuvo que pagar un precio de sangre muy alto por su oposición radical al régimen de Trujillo desde sus inicios; fue una lucha desigual, una lucha de exterminio que no conoció fronteras.

Esta valerosa y digna familia vio perder en cadena trágica a todos sus miembros varones, que uno a uno fueron cayendo abatidos por los sicarios de la dictadura.  Murieron en todos los frentes, como valientes que eran, con las armas en las manos y sufriendo horrores por la persecución desaparición.  Era una familia sinónimo de heroísmo y estoicidad.

Hombres y mujeres que enfrentaron al cruel tirano sin detenerse a pensar en el riesgo para cada miembro.

José Luis Perozo, adolescente, tierno e indefenso encontró la muerte a manos de un criminal despiadado en el parque de San Francisco de Macorís, donde residía con su madre y hermana, después de salir despavoridos de Santiago de los Caballeros a causa de la persecución desatada en su contra.

La noche del 13 de junio de 1945, al regresar de estudiar con sus compañeros que preparaban el final de curso para los exámenes, fue herido en el vientre y llevado al cuartel de la policía, donde se le dejó desangrar hasta morir.

Que sea su hermana Alfonsina que nos narre aquellos dolorosos momentos para la familia mártir.  “Han herido a José Luis”, fue el primer aviso de la tragedia anunciada por un amigo.  “Cuando llegamos allá y vimos aquel niño tirado en el piso del cuartel, todo lleno de sangre, aquellos policías, como fieras acordonaron el recinto.  Ni mi madre, ni yo, ni nadie podía dar un paso hacia a dentro”.

El pueblo aglomerado asistía impotente a una desgarradora escena, de una madre clamando auxilio para un jovencito cruelmente apuñalado, dejado desangrar ante las mirada de todos.

De modo que la víctima no era el niño asesinado, sino la madre misma y la propia multitud espectadora..

La maquinaria trujillista que sesgaba vidas no respetaba a nadie.  Caían dominicanos como también extranjeros si sus “faltas” eran contra el Jefe.

Autor: José Abigail Cruz Infante