Opinión

Las Virgenes Sensatas

 Las lámparas que se usaban en aquel tiempo eran casi las mismas que yo conocí como quinqués.
Y a cuya pobre iluminación estudié  algunas asignaturas de primaria y de bachillerato.
        Casi las mismas. Pero estos quinqués no usaban ya aceite
sino un petroleo refinado que en Cuba llamaban luz brillante y en
Pimentel le llamaban gas.
Siempre me pareció extraño un gas líquido.
Pero sí, en mi casa se usaba también aceite en unas pequeñás lámparas que iluminaban imágenes de La Virgen María.
Y en ocasiones yo ayudaba a mamá a preparar el pabilo de algodón de estas lámparas. Algodón que traíamos del campo, en rama, pues
en aquellos días el algodonero no era un extraño en aquellos lares.
          Esto de las lámparas o candiles y el aceite viene a cuento por aquella parábola de Jesús que oíamos en la misa del pasado domingo.
En ella, el Maestro destaca la conducta de las muchachas previsoras que pudieron entrar a la boda, la fiesta,
frente a las descuidadas que tuvieron que quedarse fuera.
Asunto de conducta, lo destaco, pues para algunos, a veces hasta instruidos personajes, el catolicismo es, mas que otra cosa rituales y creencias.
Por supuesto, no concientizan aquello de con a Dios rogando y con el mazo dando.
         Pablo de Tarso el gran predicador ha visto en Atenas el entrenamiento de los atletas de las originales Olimpíadas. Y ha observado que, cada contendiente se impone en todo una disciplina. El dice que esta disciplina le sirve tan sólo para ganar
una corona que luego se marchita. Y que los cristianos debemos
practicar esa disciplina para ganar una corona que nunca se marchita. Conducta, y tambien rituales y creencias.
         Y el coro cantaba ♪ Pon aceite en mi lámpara Señor ♪
Un abrazo,
Tiberio