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Los crímenes en la Era de Trujillo

Crímenes en la Era de Trujillo

 

En conmemoración al mes de la No Violencia Contra la Mujer se realiza la exhibición de una selección de los cortos cinematográficos que tratan sobre la violencia de género en nuestro país.

Fueron muchos los crímenes que se cometieron en la larga Era de Trujillo por mandato del dictador, aunque según Balaguer otros muchos se les deben cargar a los intrigantes y delatores que llenaban su mesa de trabajo con chismes y maquinaciones, que a veces resultan en desenlaces mortales.  Tan cierto parece haber sido ello que  en una ocasión, al tomarle el juramento en le Palacio Nacional al nuevo gobernador de Moca le dijo Trujillo: “mira ese escritorio lleno de denuncias que me llegan de tu pueblo; quiero que me acabes con esos chismes e intrigras”.

La delación, el chisme y la denuncia irresponsable se hizo práctica corriente en casi todos los estamentos de la sociedad dominicana.  Antes que Johnny Abbes organizara la infernal maquinaria del SIM, en los cincuentas, ya se conocían casos de padres delatando a sus hijos, vecinos intrigando contra su cercano vecino, hijos vendiendo a sus padres por sus monedas o un puesto en el  gobierno.  Hasta ahí fue inducida la degradación moral en sectores de la población dominicana que por miedo, por falta de valor cívico, por interés de lucro ó encumbramiento caían en tan despreciables acciones.

Trujillo era sañudo con sus enemigos, no daba tregua ni conocía límites en la extensión de sus venganzas.  Era un animal en toda la propiedad del término.  Un animal político movido por sus más bajos instintos sanguinarios, que no conoció de sentimiento piadoso alguno cuando de exterminar a sus adversarios se trataba.  Así consumió a veces a familias enteras, sin respetar niños, mujeres o ancianos.  Sencillamente implacable, usaba el infinito poder que tenía para aplastar y acabar.
Todos los crímenes políticos ó no políticos son odiosos, y repugnan a la conciencia moral del hombre.  Cuando son cometidos por los que detentan el poder público se hacen aun más odiosos, pues revelan la determinación de no respetar ideas, opiniones o posiciones contrarias, sometiendo a la sociedad a un estado de terror e intimidación; el miedo surge y el ambiente democrático desaparece, se entroniza la dictadura.  Antes de juramentarse como presidente en 1930, ya Trujillo había dado señales de cómo era que gobernaría y cual era su estilo para callar a sus opositores y enemigos.  El asesinato del líder político santiagués Virgilio Martínez Reyna y su embarazada esposa Altagracia Almánzar no dejaba dudas de lo que acontecería en el país, tal como lo había radiografiado el general Cipriano Bencosme en su célebres hojas sueltas en la contracampaña electoral de es año agorero.

Fueron muchos los crímenes que se cometieron en la larga Era de Trujillo por mandato del dictador, aunque según Balaguer otros muchos se les deben cargar a los intrigantes y delatores que llenaban su mesa de trabajo con chismes y maquinaciones, que a veces resultan en desenlaces mortales.  Tan cierto parece haber sido ello que  en una ocasión, al tomarle el juramento en le Palacio Nacional al nuevo gobernador de Moca le dijo Trujillo: “mira ese escritorio lleno de denuncias que me llegan de tu pueblo; quiero que me acabes con esos chismes e intrigras”.

La delación, el chisme y la denuncia irresponsable se hizo práctica corriente en casi todos los estamentos de la sociedad dominicana.  Antes que Johnny Abbes organizara la infernal maquinaria del SIM, en los cincuentas, ya se conocían casos de padres delatando a sus hijos, vecinos intrigando contra su cercano vecino, hijos vendiendo a sus padres por sus monedas o un puesto en el  gobierno.  Hasta ahí fue inducida la degradación moral en sectores de la población dominicana que por miedo, por falta de valor cívico, por interés de lucro ó encumbramiento caían en tan despreciables acciones.

Trujillo era sañudo con sus enemigos, no daba tregua ni conocía límites en la extensión de sus venganzas.  Era un animal en toda la propiedad del término.  Un animal político movido por sus más bajos instintos sanguinarios, que no conoció de sentimiento piadoso alguno cuando de exterminar a sus adversarios se trataba.  Así consumió a veces a familias enteras, sin respetar niños, mujeres o ancianos.  Sencillamente implacable, usaba el infinito poder que tenía para aplastar y acabar.
Todos los crímenes políticos ó no políticos son odiosos, y repugnan a la conciencia moral del hombre.  Cuando son cometidos por los que detentan el poder público se hacen aun más odiosos, pues revelan la determinación de no respetar ideas, opiniones o posiciones contrarias, sometiendo a la sociedad a un estado de terror e intimidación; el miedo surge y el ambiente democrático desaparece, se entroniza la dictadura.  Antes de juramentarse como presidente en 1930, ya Trujillo había dado señales de cómo era que gobernaría y cual era su estilo para callar a sus opositores y enemigos.  El asesinato del líder político santiagués Virgilio Martínez Reyna y su embarazada esposa Altagracia Almánzar no dejaba dudas de lo que acontecería en el país, tal como lo había radiografiado el general Cipriano Bencosme en su célebres hojas sueltas en la contracampaña electoral de es año agorero.

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El autor

José Abigail Cruz Infante

José Abigail Cruz Infante

Nació en Santiago de los Caballeros. Casado. Residente en Santo Domingo.

Graduado Magna Cum Laude en Derecho. Parlamentario por varios años representado su provincia Espaillat en el Senado y la Cámara de Diputados. Ha sido Secretario de Estado y vicepresidente del Parlamento Latinoamericano. Miembro del Consejo Consultivo de FOPREL.

Escritor de varios libros sobre Moca. Director Administrador del blog Mocanos.net.