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Los orígenes del mal. Escribe Quico Tabar

Los orígenes del mal

 

Se habla de la corrupción.  Se denuncia su existencia en el sector  público  como privado. Y  como no ha habido grandes consecuencias, se crearon los canales de impunidad que la hicieron  más expedita.

Muchos proclaman,  sean de  oposición,  gobierno,    críticos  o sociedad civil, que este mal que afecta la medula de la sociedad debe desaparecer, aunque no se señalan  específicamente los factores que la facilitan o permiten. Por eso,  vale la pena mirar  un poco hacia atrás y analizar, para darnos cuenta de cosas que han ocurrido, que probablemente pudieran  ser parte de la genealogía del mal.

No es mi intención señalar épocas, ni indicar cuándo comenzó o se agravó el problema, porque todo ha estado de alguna forma hilvanado; sino simplemente recordar, que este tema que hoy se enarbola como  leitmotiv, o como si se tratara de una nueva obra literaria, lo hemos tratado  por años.

Me refiero a  aspectos que aunque no han estado directamente concatenados, pudieran ser parte importante de ese mal, que algunos incluso  definen como un  fenómeno humano natural.

Uno de ellos es,  no habérsele  dado importancia a los meteóricos  cambios de vida, económicos y sociales,  de gente de la vida pública como privada. Por el contrario,  muchos de  ellos no solo fueron  celebrados a tal punto de que se produjeron asociaciones entre el sector público y privado, sino que se convirtieron en iconos, por conveniencias particulares o grupales.

Porque aunque algunos no quieran darse  cuenta, buena parte de la sociedad, pero  sobre todo, los que están dentro del sector público o privado, saben  o sospechan cuando   se   crece con rapidez meteórica, económica y de estatus social. Negocios, casas, mansiones, villas, autos, fiestas, prendas, vestimentas,  yates, aviones, y mucho más.

Como señal de estatus económico y social, esos iconos se convirtieron en  modelos a seguir, sobre todo,  por los que su satisfacción fundamental es la riqueza y estatus social. Entonces, los que venían detrás querían lograr lo que habían obtenido los que estaban delante, porque en vez de ser vistos como bichos raros, la sociedad los aceptó como  Dones y Señores en todos los segmentos. Repito, en todos los segmentos.

Se sabía o sospechaba  que habían  existido “facilidades”, compartidas por muchos y anheladas por otros. Como la vieja canción de la Chica del 17, “de dónde saca pa’tanto como destaca”. Porque eso ha estado  a la vista de todos, pero   prefirieron voltear  la cara  por razones de conveniencias. Entonces se crearon  las  correas de transmisión de la concupiscencia.

Así comenzaron a surgir: el tráfico de  influencias, violaciones a los escalafones,  pagar por la obtención de cargos, encarecerse la actividad política y privada,  buscar formas de hacer negocios entre el sector público y privado,  romperse sociedades, surgir nuevo negocios, etc.

Para unos era  cuestión de convicción, vocación  de servicio, o simplemente actividad empresarial; pero para otros, se convirtió en  un medio para llegar donde habían llegado los otros, o más allá. Y si continúa ese camino, se pueden confundir  los justos con los pecadores.  El tema amerita  continuar en otra entrega.  tabasa1@hotmail.com

Autor: Quico Tabar

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El autor

José Abigail Cruz Infante

José Abigail Cruz Infante

Nació en Santiago de los Caballeros. Casado. Residente en Santo Domingo.

Graduado Magna Cum Laude en Derecho. Parlamentario por varios años representado su provincia Espaillat en el Senado y la Cámara de Diputados. Ha sido Secretario de Estado y vicepresidente del Parlamento Latinoamericano. Miembro del Consejo Consultivo de FOPREL.

Escritor de varios libros sobre Moca. Director Administrador del blog Mocanos.net.