Cosas de la Era de Trujillo

Muerte Lic. Sergio Bencosme en New York (4)

Algunos crímenes de la Era de Trujillo, el el exterior.

Históricamente la dictadura de Trujillo se inició con la comisión de horrendos crímenes; es más, aun antes de asumir el poder el 16 de agosto de 1930 se dieron señales de cuál sería el estilo de gobernar que utilizaría el nuevo régimen.  Un estilo propio no conocido antes por los dominicanos.  Tenía el sello de la represión brutal que habían aplicado los interventores norteamericanos de 1916.

La muerte del líder horacista del Cibao y destacado poeta de estirpe romántica, Virgilio Martínez Reya y su esposa Altagracia Almánzar, que se encontraba en estado avanzado de gestación, fue el preludio de lo que vendría después.  Así fueron cayendo en trágica sucesión otros importantes líderes políticos y dirigentes partidarios, así como valientes guerreros que no estaban dispuestos a transigir con el tirano en ciernes.  La nación vio caer primero al General Cipriano Bencosme, alzado en armas en Moca, muerto en acción en noviembre de 1930; después a José Brache, también en Moca; luego Desiderio Arias (1931) en Mao, hombre de armas y representante principalísimo del jimenismo histórico.

En otras regiones del país corrieron la misma suerte otros activistas y líderes regionales que adversaban la incipiente dictadura.

El éxodo de los adversarios del régimen y su labor constante de denuncia ante organismos y gobiernos extranjeros, muy principalmente, el gobierno y Congreso norteamericano, le indicaba al dictador que esas voces debían ser acalladas definitivamente, para evitar a toda costa los escándalos que con sus denuncias lograban.

Uno de los exiliados que más activismo desplegaba en contra de Trujillo, y cuya amistad con altos funcionarios del Departamento de Estado norteamericano le permitía lograr mayor eco en los medios de opinión lo era el Licenciado Angel Morales.  Había sido candidato a la vicepresidencia en las elecciones de 1930 en la fórmula que presentó la Alianza Nacional Progresista: Horacio Vásquez y Angel Morales, para presidente y vicepresidente respectivamente.

 

Abortadas las candidaturas oposicionistas por la violencia desatada por la banda de forajidos llamada “La 42”, estos aspirantes hubieron de salir apresuradamente a un exilio largo y azaroso que les consumió la existencia.  Morales, que había sido alto funcionario del tren burocrático y excelente diplomático del gobierno anterior (de Vásquez), se caracterizaba por su clara inteligencia y su recia personalidad.  Dotado de un magnetismo personal que irradiaba simpatías, se le veía como un líder de altas proporciones en el panorama político dominicano.

Trujillo no podía olvidar aquellas exclamaciones salidas de los balcones coloniales de la vetusta Santo Domingo de Guzmán, al salir del Tedeum de la Catedral y camino al Palacio de Gobierno acompañando al General Horacio Vásquez en 1924, “Qué buenmozo eres Angel Morales” les voceaban las jóvenes glamorosas de la capital a este astro naciente de la política criolla.

Ya asentado en el poder político y militar Trujillo decide desembarazarse de sus enemigos dondequiera que estuvieran; no había distancias para cobrar víctimas.  Teniendo bajo su dominio a los belicosos caciques regionales que quedaron vivos después de la persecución y exterminio que se desató a partir del 1930, se podían iniciar las persecuciones allende los mares.

Así, el día 28 de abril de 1935 se cometió el que pudo ser el primer crimen realizado en el exterior por orden del hombre fuerte dominicano.  A la casa donde vivía el exiliado Angel Morales, en New York, se presentó una persona desconocida por la dueña, preguntando por el primero quien en ese momento no se hallaba en el lugar; en cambio salió al encuentro de la persona que había preguntado su compañero de exilio el licenciado Sergio Bencosme, también  habitante de la casa y ex Procurador de la República, con la cara cubierta por la espuma de la crema de afeitar y sólo cubierto con la bata de  baño sobre el cuerpo.  Al creer que se trataba de Morales, el asesino disparó varias veces sobre su víctima, que en pocas horas falleció a consecuencia de las heridas mortales recibidas.

 

La policía de New York inició una rápida investigación sobre este crimen misterioso y sin antecedentes en los anales policíacos recientes.  Serios indicios de culpabilidad recayeron sobre el dominicano Luis Fuentes Rubirosa, primo del conocido Porfirio, que para la fecha estaba casado con la hija de Trujillo, Flor de Oro.  Al  requerir al sospechosos para someterlo al Gran Jurado, las autoridades judiciales de New York se encontraron con que el hombre había desaparecido en la República Dominicana, es decir, el presunto asesino  no podría hablar de esos hechos.  Esa sería la tónica que se emplearía en lo sucesivos crímenes que se cometerían en la larga cadena de horrores que significó la dictadura de Rafael Trujillo.

Los crímenes en el exterior ordenados por Trujillo se convirtieron en una modalidad única en la delincuencia política en esta región del mundo.  Cobraron notoriedad los esbirros empleados para esas faenas, pues siempre se encontraban en los mismos sitios, sea en La Habana, New York, México o Centroamérica.  Este esquema de delincuencia no conoció de límites ni de jerarquía, se asesinaba al exiliado que hacia activismo, al periodista que escribía en contra o denunciaba los crímenes, o al militar que no se plegaba a los dictados de Trujillo.  Se llegó con el tiempo a niveles increíbles, como fue el caso del atentado al presidente Rómulo Betancourt de Venezuela, en 1960.

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El autor

José Abigail Cruz Infante

José Abigail Cruz Infante

Nació en Santiago de los Caballeros. Casado. Residente en Santo Domingo.

Graduado Magna Cum Laude en Derecho. Parlamentario por varios años representado su provincia Espaillat en el Senado y la Cámara de Diputados. Ha sido Secretario de Estado y vicepresidente del Parlamento Latinoamericano. Miembro del Consejo Consultivo de FOPREL.

Escritor de varios libros sobre Moca. Director Administrador del blog Mocanos.net.