Opinión

Ni en contra ni a favor del voto obligatorio

 

                       Ni  contra ni a favor del voto obligatorio

 

Se  está hablando de establecer   el voto obligatorio.

Dirigentes políticos, analistas, como juristas importantes, han manifestado posiciones encontradas. Unos lo favorecen y otros lo rechazan.

Unos lo ven desde el punto de vista puramente jurídico  y otros lo analizan  políticamente.

 

Unas y otras posiciones pueden tener muchos aspectos a tomar en consideración por los ciudadanos y  los legisladores que a fin de cuentas serían quienes tomarían la decisión. Pero de cualquier forma, valdría la pena pensar serenamente en algunas cuestiones, legales o prácticas, si  se llegara a establecer el voto obligatorio.

 

En caso de que se reglamente por ley, habría que tomar en cuenta cualquier artículo constitucional  que pudiera ser considerado  contradictorio a dicha disposición, a fin de evitar consecuencias que, en vez de brindarle a la democracia un bastón de apoyo, se constituya  en un factor de dudas y de crisis.

Habría que establecer las sanciones para quienes no cumplan con ese  deber ciudadano de votar, convertido en obligación.  Pero conjuntamente con eso, tendrían que crearse  los mecanismos responsables de su aplicación. Con la facultad y la fuerza suficientes para aplicar dichas sanciones. Determinando si lo harían   las propias instancias electorales, o si se haría por vía de los tribunales ordinarios.

 

Dentro de  las formas para implementar y aplicar las sanciones a quienes no cumplan con esa obligación ciudadana, si se llegase a establecer, habría que señalar  las razones de fuerza mayor que pudieran presentarse, a fin de que el incumplimiento con la obligación de ejercer el sufragio no se considere sancionable.

 

Y ahí precisamente, es donde la puerca podría retorcer el rabo. Porque como habría que enunciar varias razones de fuerza mayor,  ellas de por sí, podrían convertirse en argumentos para  los incumplidores, o para sus abogados. Dependiendo, como decía anteriormente,  cuales instancias  conocerían de tales infracciones.

Porque aquí hay experiencias más que sobradas para comprender que,  en materia de incumplimientos, muchas sanciones no se aplican.

 

Por otra parte, para darle mayor valor y justificación a la obligatoriedad, y  que a su vez motive a los ciudadanos que no sientan deseos de votar, por múltiples razones, habría que establecer el Voto en Blanco.

Para que todo aquel que por ley se vea obligado a votar, pero sin sentir  motivación para hacerlo, que ese ejercicio ciudadano, si se quiere forzado, no se convierta en un simple protocolo de  acudir a una mesa para no votar por nadie, porque no tendría sentido.

Si no, que pueda votar en una casilla habilitada para tales fines. Y que esos votos  se computen,  como demostración de que no aprueban los candidatos, sus propuestas, los partidos,  o el sistema como tal.

 

Pero deseo  recordar,  que en 1970 y 1974, años en que muchos ciudadanos nos abstuvimos de votar, pero se hacía  imprescindible que  la cédula tuviera el sellito validado por la JCE para poder realizar actividades de cualquier tipo, muchos  acudimos a  lugares (partidos  opositores entre ellos) donde  le ponían clandestinamente a la cedula: “VOTÓ”.

Era la época en que  el gobierno quería obligatoriedad, ahora es la oposición.

Autor: Quico Tabar

tabasa1@hotmail.com