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Personajes pintorescos de la Moca de ayer

 

Adriano Miguel Tejada
Adriano Miguel Tejada, Periodista, Director del Periodico Diario Libe

Adriano Miguel Tejada, investigador histórico, escritor costumbrista e intelectual mocano tiene pendiente de escribir ¨La antología de personajes populares de Moca¨, un proyecto que esperan con interés la critica y los lectores.

En lo que Linche -como le llaman familiarmente sus amigos cercanos- se decide, trataremos de bosquejar interinamente en estas cuartillas alguno que otro de nuestros  personajes conocidos; como una manera de asegurar que no deje fuera Adriano inadvertidamente a figuras que bien merecen un recordatorio de los mocanos de ayer y los de hoy.

Moca estuvo siempre bordeada por un río, que, según reportó el periodista Isidro Silva, ¨murió quemado¨. Esa linea divisoria se veía reforzada o marcada por aquel armazón férreo llamado ¨linea del tren¨, es decir, el ferrocarril central dominicano. La población urbana se fue concentrando para sus actividades principales alrededor del perímetro central clásico o ¨centro¨,donde fue edificada la iglesia, el parque, la casa municipal y los principales establecimientos comerciales. Allí iba a parar la efervescencia de la productividad agrícola de los campos de Moca.

Salvador Solano
                   Salvador Solano

Al pasar uno por esas calles podía oler las mieles y el sazón de los exuberantes frutos de la campiña, a tal punto que el símbolo distintivo o escudo local, icono como se le llamaría ahora era y es la cornucopia, o cuerno de la abundancia.

El centro fue siempre el eje político, social, cultural y económico por donde desfilaban diariamente todas los personajes de los vecindarios mocanos, que solían acudir al lugar donde se recogían todas las palpitaciones pueblerinas y se oían las recientes historias locales y del país. A finales de la década de los 50s, si recorremos con un caleidoscopio gigante, veremos con suficiente nitidez a personajes alrededor del parque Central, en las aceras contiguas y en los negocios de diversión,donde la bohemia popular de Moca tenia su cotidiana expresión que le daba un toque de colorido y vivacidad a la modorra y monotonía cotidiana de los apacibles y tranquilos días de la comunidad.

No era pues extraño ver en una de la tres puertas laterales del café Asia, de Santiago el Chino, a Pablo Rivas alias ¨Musié Pabin¨, acompañado de su socio y tercio permanente José Pérez Plasencia, alias ¨Chepe Vaso¨, quienes abrazados de una vieja y asordinada guitarra esperaban pacientemente a los  clientes para ofrecerles sus interpretaciones musicales a cambio de tragos o alguna esperada propina. Otros personajes de esa trashumante caravana de músicos al detalle eran Caonabo, esposo de Morita, dueña de un surtido friquitin en la parte baja de la ciudad. De otra parte ¨Chispa¨, Alberto  ¨Pelo fino¨, junto a Farolito Gómez constituían el más conocido dúo musical que se desplazaba por la parte céntrica.

Al lado del parque se erguía imponente la Iglesia Nuestra Señora del Rosario. Lugar de oración. Templo histórico donde el padre Eugenio Collado se hizo famoso como uno de los grandes predicadores religiosos, sin pertenecer a la Orden de los Dominicos, sus sermones pueden figurar en una antología que demuestre su conocimiento de la sicología social de los habitantes de Moca. En un escalón, al costado de la puerta de entrada a la sacristía, Mayía el cieguito empezaba a entonar sus cánticos mañaneros y esperaba a que Pedro el sacristán le diera los buenos días y un ¨quede con Dios¨. La actividad en el parque cobraba vida alrededor de las diez de la mañana con la llegada de la pequeña flotilla de vehículos que allí se estacionaban a la espera de clientes que procuraran sus servicios, alineándose por orden de llegada. Así veíamos al ¨Sapo Conde¨, a Juliancito, a Expedito, a Manuel el joven, a Alfredito y otros más que conformaban esa cuadrilla de buenos servidores del volante.

Otro grupo pintoresco que se arremolinaba en la parte interior del parque estaba constituida por los limpiabotas. Allí se encontraban Cristóbal Polanco, alias Toba, con un enorme cigarro en la boca y piropeando con gran vozarrón a todas las mucamas que a esa hora pasaban por allí rumbo al mercado modelo para las compras de los víveres, vegetales y carnes que se consumirían ese día. También están allí Ricardo y el inefable ¨Pecho e´ Jaiba¨, cuyo mote le venia de la peculiar forma de su abdomen, fruto de su afección asmática.

Una figura que a esa hora hacia su recorrido habitual era Cheche ¨la momia¨, desgarbada figura con un atuendo muy llamativo. Solía usar un gorro, unos pantalones ¨brincacharcos¨y una camisa manga larga. La afluencia de personas y personajes por la Cuesta de Belliard, por la subida de Juan Lopito se iniciaba en movida procesión. Todavía a esa hora don José el Negrito de Caró se mantenía en los alrededores del La Estación brillando carros y componiendo canciones. Con la llegada de gentes el centro se llenaba de ruidos, de voces, de olores y colores, era una abigarrada sucesión de escenas y cuadros del más puro sabor folclórico, expresivas pinceladas del  afán de vida cotidiano de Moca.

Los lunes en la mañana eran días de ritual. Inmancables rituales, como ese de Pablo Bienvenido de la Cruz, ël maestro¨, que a zancadas largas y apresuradas salía de su casa indefectiblemente a las nueve en punto para darle una lectura al periódico del día en el local del restaurante El Panorama, donde el servicial Antonio Marte le brindaba una humeante taza de café; allí se encontraba con el habitúe Oscar Wagner, ¨la bruja¨, maestro de pala en la panadería Las Mercedes, oriundo de Santiago, pero aplatanado en Moca, donde se consagro como violinista aficionado.

Ese día, los lunes, se efectuaba también un ritual digno de recordación. Al filo de las once de la mañana descendía de su feudo  alto la madame Amparo Tejada, ¨la riendúa¨, que trabajaba de martes a domingo en su negocio precursor de los llamados hoy día centros cerveceros. Ella se tomaba los lunes para celebrar ese día con parte de su equipo de trabajo en El Panorama. Se hacía acompañar de Pica Bobonagua, alias ¨Picacoco¨, de Pablito y de otros más. Pasaban un buen rato disfrutando de unas cervezas frías y una comida apetitosa.

Así era como transcurría un día de la semana en la Villa Heroica en esos años de finales de la década de los 50s, con los ciudadanos soportando los temores y sobresaltos del régimen que imperaba en todo el país. Moca sufría y disfrutaba calladamente su tragedia, hasta que un día mocanos, armas en las manos decidieron poner fin a la situación. Así pasamos, en la década de los 60s, al periodo de libertad sin seguridad ni justicia social que ahora nos gastamos.