Cosas de la Era de Trujillo

Un cacique al servicio de Trujillo

josé virgilio martinez reyna

 

 

 

 

desiderio arias

 

 

 

 

 

 

José Estrella fue el prototipo del general montaraz de nuestra vida institucional y política de principios del pasado siglo, el tiempo de Concho Primo que decían nuestros viejos.

Hombre rudo y de poca ilustración, dependía casi exclusivamente Estrella de su valor personal y de su impiedad para ejecutar los actos de guerra o de intriga política que se le presentaran. Vivió a la sombra del poder que Trujillo le confió desde el momento en que se inició la relación amistosa entre estos dos bárbaros de la política nacional.

Estrella fue el eje de la maquinaria de terror e intimidación utilizada por Trujillo en la región del Cibao Central. Desde la época de Perico Pepín bajo Lilís, Santiago y pueblos aledaños no conocieron un servidor de la dictadura con mayor grado de fiereza y brutalidad que la exhibida por Estrella al servicio de Trujillo.

Desde el inicio de la Era vemos al General José Estrella en posición de comando en el Cibao, gracias al artero y decisivo rol jugado para el rápido triunfo del «Movimiento Cívico» que derrocó a Horacio en febrero y que dio pie a las elecciones espurias de mayo y el ascenso al poder de Trujillo a partir del 16 de agosto de 1930.

Entonces inicia José Estrella su trayectoria de desafíos a la conciencia civilizada del pueblo cibaeño. El primero en pagar en Santiago su anterior enfrentamiento a Trujillo, de manos de este esbirro, fue el destacado político y líder del horacismo en Santiago Virgilio Martínez Reyna, a quien consideraban el instigador ante Alfonseca para la destitución de Trujillo durante el período de enfermedad (1929) del presidente.

Buscando salud, Martínez Reyna se halla recluido en una casa campestre de San José de las Matas, zona cordillerana de Santiago y albergue preferido por los que buscan el aire puro de los pinares de la región.

En compañía de su distinguida esposa Altagracia Almánzar —en estado de gestación—, los sicarios de José Estrella dan muerte a la pareja, en un crimen que conmovió al país y reveló la clase de matones que llegaba al poder.  Padrino de confirmación de Ramfis, era un compadre preferido de Trujillo, quien, según su propia expresión llegó a reconocer que «Estella vela por mí donde parece que no está mi ojo vigilante».

En el año de 1940 termina, abruptamente y sin aviso, el reinado de terror de casi una década del todopoderoso general José Estrella, Ex Comisionado del Gobierno en el Cibao. En la capital regional, Santiago, tocan campanas a rebato porque se inicia el juicio criminal al caído, al José Estrella homicida y ladrón.

Unas coplas o décimas de escarmiento que en hojas sueltas circulaban a millares por todas partes, llegan incluso a lugares alejados como Juan López Abajo, Moca donde el escolar niño que era Darío Bencosme cuenta haberlas aprendido de memoria y retenido por un tiempo.

José Estrella debía responder a la acusación de haber ordenado hacía unos años la muerte del fotógrafo José Roca, y se desentierra el caso del asesinato del poeta y líder político Virgilio Martínez Reyna ocurrido casi una década atrás.

La población vociferaba oprobios en las calles al acusado, a su paso para el lugar del juicio; se le tiraban cáscaras de naranja y de guineos, y hasta se le escupía.

Estos diez años que duró el «reinado» de José Estrella en Santiago y el Cibao serán siempre tristemente recordados, pues la crueldad y el servilismo que fundamentalmente los caracterizó no han sido superados por nadie y difícilmente lo puedan ser.

Mantenía Estrella un estricto control sobre la administración pública en su jurisdicción, nada se hacía ni se movía sin su consentimiento. Actuaba como un señor feudal. Sus posiciones a veces llegaron al ridículo, en su afán de ser más servil que los demás. Como ocurrió en aquella ocasión en que tomó la palabra para protestar de un brindis que se había hecho en honor de un senador norteamericano en un centro social de Santiago. Estrella se puso de pies y con voz ronca y áspera dijo que en su jurisdicción sólo se permitían esas expresiones si iban dirigidas a Trujillo, que era el único merecedor de tales homenajes.

José Estrella, siniestro personaje de la Era de Trujillo, emblemático instrumento para el crimen y la intimidación propios de la dictadura.

Cruel y resentido, no conocía nuestro personaje de reglas morales de ninguna índole, pues sólo le gustaba el sancocho de siete carnes y otras carnes no calificadas que se ofrecen con impudicia. Es famosa la fotografía en la que aparece arrodillado frente a una foto de Trujillo y diciendo «éste es el único a quien yo le rezo».

Así era este torvo actor, sostén de terror y de intimidación del régimen que se instauró en 1930 en Santiago y el Cibao con esas especiales características, posiblemente porque fue en estas regiones donde la resistencia le hizo frente desde temprano a aquella tiránica opresión.