Cosas de Moca

Una memorable entrevista con Trujillo

SEGUIMOS CON LA SERIE ABOGADOS DE MOCA (2)

Una entrevista accidentada con Trujillo

 

 

 

 

 

 

Durante su larga y cruel dictadura Rafael L. Trujillo gustaba de presentarse como un ser
magnánimo y generoso con aquellos que necesitaban de su auxilio, ser el benefactor de cada dominicano que acudiera a él en busca de alivio a sus precariedad.

La sociedad de esa época, igual que  la de ahora era empobrecida por la codicia y voracidad de los que mandaban.

Al pueblo llano sólo le quedaban las migajas en el reparto  del festín de los bienes y servicios que se generaban en el país.

Estudiar una carrera universitaria era un privilegio para las familias adineradas o favoritas del régimen.

Existía una sola universidad, controlada por el férreo dictador, que intervenía para el ingreso o no de los estudiantes que solicitaran su matriculación.

Ningún hijo de enemigo suyo o de personas con parientes señalados como tal podían ingresar a la universidad a estudiar una carrera.

Muy pocos podían enviar a sus hijos al exterior, pues conseguir un pasaporte era también una concesión privilegiada.

Los que lograban ingresar sin ser de familias pudientes tenían que ¨guayar la yuca¨ consiguiendo un empleíto o colocarse como maestro en cualquier centro educativo de los pocos que existían, sobreviviendo con una paga exigua.

Otros optaban por ingresar a las fuerzas armadas y de ese modo asegurarse un modo de vida que les permitía terminar sus carreras en la universidad.

Era heroicidad de titanes estudiar en esa época de opresión y perdida de  libertad.

Los estudiantes de los pueblos del interior del país vivían en pensiones o en casas de familiares que los acogían generosamente dispensando un gracioso  techo y comida.

Muchos, para ahorrarse el gasto del transporte, hacían el viaje diario a la universidad  caminando a pie.

Se ahorraban el transporte, pero los zapatos sufrían un deterioro galopante.

Eso se vio claro cuando un día el estudiante mocano Osvaldo Vasquez visitó en Villa Duarte al compañero de estudios, también de Moca, Alejandro de la Cruz Brito y Ventura, para solicitarle un pequeño préstamo para mandar a ponerle una media suela a sus zapatos que tenían un hoyo en la parte central de la planta del pie.

Con esa propensión que le  acompaño toda su vida a mostrarse alegre y complaciente, con gran sentido de humor, le responde Brito al amigo solicitante, mostrando su pie derecho el cual mostraba un gran hueco igual que el izquierdo, diciendo, ¨Macho, colóquele un cartón de caja de cerveza de esos, que vienen acanalado y son más duradero.¨

Ambos cerraron esta conversación con una carcajada y un reconocimiento a que la situación de ellos era precaria.

De más estaría decir que la solicitud de préstamo fue así dejada de lado.

Con ese convencimiento, tan firme como dramático, Brito Ventura le habla a su otro compañero de estudio en la facultad de Derecho y mocano como él, Rafael Leonardo Solano, quien haciéndose cargo de la situación le propone una arriesgada jugada, pero que le puede solucionar sus problemas teniendo en cuenta que pronto se graduarán y no disponen de los recursos necesarios para ese trance: tesis, anillo, investidura, exequatur, ropa, etc.

Solano, joven inteligente, avispado y con una visión talvez más amplia que Brito Ventura, le propone que le soliciten una entrevista ¨al “Jefe” para pedirle la solución de esos y otros problemas.

Ambos trabajaban como mecanógrafos, a tiempo parcial en la oficina de abogados del Lic. Juan Ma. Contin, reconocido abogado que había sido Consultor Jurídico del Poder Ejecutivo y a quien Trujillo tenia respeto por su capacidad jurídica.

Contin era un verdadero sabio del Derecho. Atrevidamente los jóvenes tomaron un papel timbrado de la oficina del licenciado Contin y redactan una carta de solicitud de audiencia al Jefe.

Años después cuando interpelábamos al Dr. Brito Ventura acerca de esta osadía de ellos, nos respondía ¨ es que la necesidad tiene cara de hereje ¨.

A dos días de solicitar la audiencia recibieron una llamada telefónica para que acudieran al Palacio Nacional a las diez de  la mañana del día siguiente para su entrevista con Trujillo.

Puntualmente se presentaron a punto a su cita con el hombre fuerte del país.

Aguardaron en una sala de espera a ser llamados.

En su momento les avisaron que era su turno y se dispusieron presentarse.

Ya en el umbral de la puerta del despacho del hombre, Brito Ventura comienza a sentir un sudor copioso y frío que le recorre el cuerpo, de repente se desmaya en el preciso  instante en que se abre la puerta del despacho.

De inmediato lo conducen a una sala de primeros auxilios y lo reaniman dándole a oler el conocido medicamento que se usa  para esos casos.

Reanimado el joven Brito, es conducido de nuevo al despacho de Trujillo, al tiempo de  ser amonestado por su compañero Solano, quien le decía, ¨tú no puedes volver a desmayarte, tú eres hijo de Chicho Brito ¨.

Se abre la puerta, entran despacio al amplio salón donde al fondo se divisa el escritorio en el cual está sentado Trujillo, que al ver a los jóvenes los recibe con esta expresión ¨Como se siente el joven Brito ¨ ¨Bien, Jefe, le responde Solano ¨.

¨En qué puedo servirles ¨.

Ambos le explican  su próxima graduación y la carencia de fondos para cumplir con los requisitos de tal evento.

Trujillo los mira detenidamente y ordena a un asistente presente que le entreguen $500 pesos a cada uno.

Años después en tertulias y conversartorios de abogados de Moca, Brito Ventura narraba de forma jocosa esta entrevista y sus detalles sobresalientes, pues él venia a ser uno de los pocos abogados de Moca de esa época que habían tenido la oportunidad de hablar con el tirano en su despacho.

De ahí el interés que poníamos todos en escuchar los detalles que nos narraba de su histórica experiencia.

El recordaba muy patente haber observado los pelos de las piernas que le sobresalían por encima de la bota que calzaba y la voz atiplada conque  hablaba, y que en el ánimo de Brito había calado profundamente, pues lo ultimo que deseaba era sufrir un nuevo desmayo en presencia de tal hombre.

Al regresar a Moca a ejercer su profesión el doctor Alejandro de Cruz Brito Ventura se convirtió en un práctico y exitoso abogado en ejercicio hasta su sentido fallecimiento.

Rafael L. Solano prefirió permanecer en Santo Domingo y llegó a desempeñar importantes funciones públicas en el área de Impuestos, y Sucesiones. Lamentablemente también falleció.