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El contrato original de Aerodom: todo para mí, nada para ti

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El reciente anuncio de renovación de la concesión de los aeropuertos a Aeropuertos Dominicanos Siglo XXI (Aerodom) ha confirmado lo que era todo un secreto a voces: por el contrato vigente desde 1999, "el Estado no recibió ninguna remuneración", según el presidente Abinader, y, "como muchos de ustedes saben, no garantizaba las mejores condiciones en las infraestructuras de los aeropuertos". De las cifras envueltas en la anunciada renegociación de la concesión se desprende que se trata de un negocio muy lucrativo.

Hubo quien lo advirtió con contundencia hace veintitrés años, pero el Estado prefirió mirar hacia otro lado. El contubernio vuelve a ponerse de relieve por las palabras del presidente Abinader y la realidad constatable de las infraestructuras. Quien levantó la voz en aquel entonces fue el veterano abogado Jottin Cury Elías, quien participó en el proceso de licitación como miembro de un Comité de Observadores que, en la práctica, fue de adorno.

En una carta al Congreso, de la que se hicieron eco algunos medios de comunicación, denunció que estábamos ante «un contrato incalificable, elaborado con la intención de empobrecer el patrimonio de la Nación», que «provocaba náuseas, por leonino». También lo calificó como «una burla a los mejores intereses del país», al tiempo de lamentarse de que "los máximos directivos del proceso de licitación" obviaron sus desinteresadas advertencias para "limpiarlo de imposiciones inaceptables y abusivas" y "despojarlo de los errores y vergonzosas complacencias contractuales que lo minaban". Las veinte enmiendas que se hicieron en su paso por el Poder Legislativo no bastaron para eliminar algunos. Mucho menos, el espíritu con que fue concebido.

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