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El Museo Horacio Vasquez

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El pasado domingo, 15 de octubre, se inauguró en Tamboril el Museo Horacio Vásquez, en la casa que fue su modesto refugio hasta sus días finales en 1936.  

Hay que agradecer la decisión del presidente Luis Abinader de acometer esta obra de reivindicación histórica, en una decisión que lo enaltece. También el noble gesto del arzobispo de Santiago, Freddy Bretón, de ceder en usufructo la casa para su uso como museo.

Asimismo, la colaboración del Banco de Reservas, ministerio de Cultura, dirección de Museos, grupo Estrella, el fervor y entusiasmo de ciudadanos prominentes de Moca y de Tamboril, así como de los miembros de la Fundación Horacio Vásquez, entre ellos Emilio Cordero Michel, ya fallecido, quien con tanto ímpetu apoyó esta realización.

La vida pública de Horacio empezó cuando en 1878 fue encarcelado por Lilís. Tuvo que irse al exilio. En 1894 participó, junto al prócer Gregorio Luperón, en una expedición armada contra el tirano que no tuvo éxito. En 1895 presidió en Puerto Rico el Movimiento de Jóvenes Revolucionarios. 

Al amparo de un indulto regresó al país. Organizó y dirigió el movimiento 26 de Julio que en 1899 ajustició a Lilís en una calle de Moca. Fue la primera gesta de la libertad del pueblo dominicano. 

Horacio fue el líder político que dominó los primeros 30 años del siglo XX. De influencia incomparable, conductor de masas que lo reverenciaban, presidente de la República en tres ocasiones.

Su obra material de gobierno fue grandiosa, a pesar de los magros recursos de que disponía el erario. 

El acueducto y alcantarillado de la ciudad de Santo Domingo de entonces todavía funcionan a la perfección. Fue pionero en el desarrollo de la infraestructura agropecuaria, canales de riego y presas. Hizo énfasis en la construcción de obras sanitarias, hospitalarias, educativas, o que facilitaran la comunicación como carreteras, puentes, puertos, telecomunicaciones. Impulsó las urbanizaciones. 

Cuidó de que enfermedades como la unciniaria, malaria, sífilis, viruela, tuberculosis, sarampión o buba, no se tornaran en epidemias. Priorizó la educación primaria, cuyas escuelas fueron abandonadas y cerradas en el gobierno de ocupación. Construyó el Instituto de Anatomía de la Universidad de Santo Domingo y remodeló las instalaciones universitarias. Creó la escuela agrícola de Moca, de altísimo nivel, en la que impartieron docencia científicos de talla mundial como Rafael Ciferri, Carlos Russo Y Erik Leonard Ekman. 

Sus aportes al fortalecimiento de la institucionalidad democrática fueron notables. Introdujo reformas en la administración de los recursos públicos como las leyes de presupuesto, hacienda, y contabilidad públicas, o del servicio civil. Fortaleció el sistema judicial y la separación de poderes, vitales para la consolidación del estado de derecho. 

A Horacio le corresponde el alto sitial de haber delimitado la frontera mediante el tratado firmado en 1929 e instalado los más de 300 hitos que concretan la línea divisoria. Y de haber iniciado los planes de colonización a través de la entrega de tierras, recursos y apoyo tecnológico a los dominicanos que quisieran cultivarlas y permanecer allí poblándolas. Fue un profundo acto de dominicanidad que puso fin a pretensiones de ganancias territoriales a costa de nuestra integridad. 

Introdujo disposiciones de gran simbolismo. Declaró el último domingo de mayo como día de las madres. Feriado el día de la Altagracia. Cambió el nombre de la provincia Pacificador, alusivo a Lilís, por el de Duarte. Eliminó la pena de muerte. 

A su fallecimiento dejó un magro patrimonio personal. Es uno de sus legados más emblemático: no utilizó el poder para su disfrute sino para labrar el camino del progreso de los ciudadanos. 

Contemplando su humilde casa recién renovada uno siente flotar en el ambiente el espíritu de grandeza que acompañó al líder mocano durante su vida política, asentado en la sencillez que fue su marca de vida y en la honestidad en el manejo de los fondos públicos: constituyó su timbre de orgullo. 

Observar el señorío de esta casa dentro de su resaltante modestia es un mensaje subliminal de gran poder divulgativo: pueden alcanzarse logros notables, sublimes, en base a la dedicación, perseverancia, esfuerzos, sacrificios, comportamiento ético, en vez de apoderarse de lo fácil y mal habido.

Esta casa museo servirá de enseñanza y reflexión a nuestra juventud para modelar un futuro próspero, inclusivo, basado en valores. 

La Fundación Horacio Vásquez se siente henchida de orgullo y de satisfacción por la culminación de este gran proyecto. Tamboril se engalana con una obra de gran valor educativo e histórico, que eleva su dimensión urbana. El país se regocija al elevar al pedestal a uno de sus grandes ciudadanos.

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