¿Peligran los comicios en los Estados Unidos?

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La pandemia del Covid-19 ha trastornado el proceso electoral de EEUU. El temor al contagio y la necesidad de garantizar la salud de los votantes y los funcionarios ha exigido modificar las actividades de la campaña y las de organización de los comicios presidenciales de noviembre. Las campañas del presidente Trump y del ex vicepresidente Biden ya son virtuales, vía plataformas digitales (Facebook, Youtube, Twitter, Zoom); virtuales también serán los debates presidenciales y las convenciones partidarias.

Pero las modificaciones requeridas para votar implican desafíos logísticos. En primarias recientes se cambiaron tradicionales recintos de votación (escuelas, iglesias) por estadios o centros de convenciones para acomodar más votantes con distanciamiento social e higiene. En Louisville (Ky), se armó un estadio de futbol para miles de votantes. Además, por temor al virus, numerosos funcionarios electorales renunciaron y los reemplazantes no fueron capacitados adecuadamente.

En algunos distritos del estado de Nueva York se demoró la votación y el conteo y no se conocieron los resultados por tres semanas. En Georgia los cambios en tecnología produjeron largas colas, confusión y atrasos.

Los temores y riesgos de infección reducirán la votación en persona y aumentará el voto por correo postal. Este método es exclusivo en los estados de Colorado, Utah y Oregon. Un 68% del electorado nacional confía en su seguridad y se pronostica que el voto postal pasará de un 10% habitual a un 60%.

Pero sus complicaciones logísticas se han evidenciado en las recientes primarias. Se requerirá nueva tecnología para preparar (con código de seguridad), enviar, recibir, chequear y computar la “boletas postales”, y habrá que capacitar funcionarios y educar al votante; se extraviarán boletas o llegarán tardíamente, lo que demorará procesarlas y conocer los resultados.

Varios estados debaten si se envía la “boleta postal” a los votantes o éstos deben solicitarla, y si este modo será exclusivo o complementario al voto en persona. En todo caso, se deberán modificar las leyes, retrasando la organización del proceso y la capacitación de los funcionarios. Es una carrera contra el tiempo. También aumentará el voto anticipado, modalidad prevista para votar en días previos y lugares designados.

La institución del Colegio Electoral agrega incertidumbre al proceso. La elección presidencial es indirecta, con 50 elecciones organizadas por cada estado. No existe autoridad ni ley federal electoral que organice y unifique el proceso. Federalismo extremo. En las 50 elecciones los votantes eligen a un candidato y su lista de electores (su número es igual a dos senadores más los representantes -diputados- que le toca a cada estado por población).

El ganador se lleva todos los electores del estado. El estado envía la lista al Congreso, donde en sesión conjunta se cuentan los votos de los electores y se proclama el ganador. Se triunfa con 270 de 538 votos. Un candidato puede ganar el voto popular y otro el voto electoral, como en 2000 y 2016.

En los estados pueden surgir impugnaciones que judicialicen el proceso e impidan que alguien logre los 270 votos. En tal caso, la elección pasa a la Cámara de Representantes, donde cada estado tiene un sólo voto.

Internet y las plataformas digitales también sirven para amenazar la integridad de las elecciones. Se usan para monitorear a los candidatos, para tergiversar los hechos, los datos, las imágenes y la opinión pública y para generar miedo, odio y dudas que dividen al electorado y erosionan su confianza en el proceso.

Esta práctica (“sharp power”), con sus“bots” se usa para“hackear”, robar y modificar bases de datos y hasta resultados de una elección. La elección está expuesta a estas interferencias por actores internos o externos (Rusia, China,) y ya son parte de la guerra cibernética. Expertos, agencias de inteligencia y congresistas ya han advertido sobre este peligro.

Ante la creciente probabilidad de su derrota electoral, Trump ha rechazado la expansión del voto postal, argumentando que facilitará el fraude de los Demócratas, y ha amenazado con no reconocer su derrota. Sólo un 40 % aprueba su gestión y las encuestas lo tienen abajo por más de 10 puntos.

Tampoco ayudan los comentarios de ex funcionarios y asesores y de Republicanos relevantes sobre su incompetencia, negligencia, mentiras, narcisismo y tendencias autocráticas. Su conducta ha provocado especulaciones sobre posibles acciones agresivas en política exterior para generar apoyo a su re-elección, así como sobre posibles escenarios post-comicios que tensarían la institucionalidad democrática del país.

En conclusión, los desafíos logísticos, las peculiaridades del proceso, las amenazas cibernéticas y de Trump han generado un ambiente electoral enrarecido, marcado por especulaciones, desconfianza, incertidumbre y preocupación por la integridad de las elecciones de noviembre.

Rubén M. Perina es PhD en RR.II. Analista internacional y ex funcionario de OEA.


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