Recordando a Dorito Acosta

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Ayer en su cumpleaños, recordamos al amigo

Dorito Acosta





Dorito Acosta y su muerte

 
Con una pesada carga de sufrimientos, a la par de penosos, reveses humanos ha dejado este valle lágrimas Dorito Acosta, quien fuera conocido en Moca todo el tiempo “ la maravilla”, mote que le nació de su peculiar y simpático saludo a amigos y conocidos: “qué dice esa maravilla”.
Ya esa voz timbrada y afectuosa no volverá a oírse en los pasillos y salas de audiencias del Palacio de Justicia de Moca, lugar donde descolló como diestro abogado penalista Claudio Isidoro Acosta y García. Abogado litigante, profesor universitario, político, funcionario consular y juez ecuánime, justo y competente fueron las principales facetas que desarrolló en su intensa y agitada vida este aspirante a bohemio que, en ese aspecto no alcanzó otro nivel que el de un simple gozador de la vida libre y abierta, en el mundo pueblerino de su Moca querida.
Murió lleno de una profunda fe espiritual, pues en sus últimos años abrazó un credo religioso que lo llevó a abandonar todo vestigio de vida liviana ó pecaminosa. Se convirtió en predicador de la palabra de Jehová. Visitaba en sus actividades evangélicas los barrios de la ciudad y con entusiasmo y energía cumplía su misión, como lo hacia cuando subía a estrados a defender a un acusado de violación a la ley penal.
Fue un abogado ducho y talentoso. Batallador incansable en el desarrollo de tesis criminológicas, era un artista del argumento redentor a favor de sus defendidos. Tuvo una larga experiencia, tanto en el ejercicio profesional como en la administración de justicia. Fue juez de Primera Instancia en Moca por dos ocasiones, y juez de la Corte de Apelación de Santiago. Se desempeñó como Cónsul General en Haití por varios anos, luego de la alianza o fusión de los socialcristianos con el Partido Reformista de Balaguer en 1984. 
Ahora Dorito no tendrá espacio ni tiempo para cosechar triunfos y éxitos en las barras penales del Cibao, escenarios naturales para el derroche de su cultura y sabiduría forenses; ahora sólo se ocupara de brindarle la dulce compañía de su amor escogido a Conchita y completar esa historia de amor profundo que iniciaron aquí en la tierra.
Ya Josecito Pereyra no tendrá que llevarle las fundas de pan y los racimos de sabrosos rulos verdes de siempre, ni Agustín Rodríguez de Méndez no tendrá que buscar Cds de Laura Puscini para llevárselos a su adorado Doro.  Sus hijos, amigos y Moca todo  lo recordarán siempre como un ser humano lleno de palabras de  vida y compasión para con todas las flaquezas y debilidades del alma humana, Paz a sus restos. 
 
 


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