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Tensiones entre el PRD y Bosch durante su gobierno y al momento del golpe

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Escribe + Reynaldo Espinal

Desde que en noviembre de 1964, vio la luz la primera edición de “ Crisis de la Democracia de América en la República Dominicana”, editada por el Centro de Estudios y Documentación Sociales, A.C, de México, que entonces dirigía el sociólogo Víctor Alba, procuró el Profesor Juan Bosch ofrecer una explicación articulada y coherente de las razones, presentes y remotas, que a su criterio, explican el golpe de estado contra su gobierno, ocurrido el 25 de septiembre de 1963, deplorable acontecimiento del cual se cumplieron seis décadas el pasado martes 25 del presente año.

22 años después del golpe, específicamente en la noche del 25 de septiembre de 1985, en el marco de la puesta en circulación del libro “El Misterio del Golpe de 1963”, de la autoría del  periodista y escritor Víctor Grimaldi, en el Museo Nacional de Historia y Geografía, el profesor Bosch hizo una alusión directa a los jóvenes historiadores que, conforme su criterio: “deforman o falsean la historia sobre el golpe de estado militar que lo derrocó el 25 de septiembre de 1963”.

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Según la reseña que en su edición del jueves 26 de septiembre de 1985 publicara el Listín Diario sobre lo dicho por Bosch, calzada con la firma del periodista Mirtilio Féliz Peña, al procurar sustentar la precitada afirmación, reclamo acusatorio contra los cultores de la historia, el destacado escritor e intelectual afirmaría que esos historiadores “debieron acercarse para hablar con él”, como principal o más importante testigo de los acontecimientos de esa fecha.

Manifestó no saber “quien le cuenta la historia a algunos jóvenes historiadores dominicanos…tan poco respetuosos de la historia”, al tiempo de afirmar que “la historia es una cosa que requiere seriedad…por lo menos si yo fui el  testigo más importante de esos hechos, debían hablar conmigo”.

Han transcurrido casi cuatro décadas desde lo expresado por el profesor Bosch aquella noche y no consta que algún periodista curioso, en el momento o después de tan amargos pronunciamientos, le preguntara por qué se había sentido tan irrespetado y maltratado por los jóvenes historiadores que entonces habían analizo lo ocurrido 22 años antes con el golpe militar que le despojó violentamente del poder.

Pero es lo cierto, que con el paso de los años y gracias a importantes obras publicadas, varias de las cuales han sido trabajadas con base, entre otros importantes documentos,en aquellos que han sido desclasificados de los archivos norteamericanos, es mucho más lo que se conoce hoy en torno a las causas, variadas y complejas, que explican el golpe de 1963 y las compleja “intrahistoria” de  nuestro primer gobierno democrático tras la caída del tirano  .

No obstante lo expuesto, hay incógnitas y vacíos historiográficos en torno al gobierno de Bosch y el golpe de estado, que a nuestro modesto criterio ameritan un mayor y más profundo esclarecimiento. Uno de ellos, entre otros muchos, es el que hace referencia a cómo se articuló la dinámica relacional entre el PRD y el Bosch gobernante, primero electo, a partir del 20 de diciembre de 1962 y ya en ejercicio de su mandato, tras su toma de posesión el  27 de febrero de 1963.

Ya en el capítulo II de  “Crisis de la Democracia de América en la República Dominicana”, titulado “El Partido Revolucionario Dominicano en la hora crítica”, Bosch elogia el papel singular de la avanzada perredeísta llegada al país el 4 de julio de 1961, apenas mes y días después del ajusticiamiento de Trujillo, destacando que la misma “ rompió el hechizo del miedo que separaba a los dominicanos”, jugándose la vida  con heroica firmeza” y  afirmando que “ el país les debe gratitud”; y “ entre ellos, el mayor honor le toca al que tenía la mayor responsabilidad, que era Angel Miolán”.

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Al hilo de tan justiciero reconocimiento por parte de Bosch al PRD y su valiosa dirigencia, ¿qué podría explicar, entonces, que esa misma plataforma política que sirvió de principal soporte a su triunfo, gracias a la cual obtuvo la votación mayoritaria del electorado el 20 de diciembre de 1962 frente a la Unión Cívica Nacional, su principal contendor, al momento en que  se produjo el aleve zarpazo golpista no estuviera en condiciones de ejecutar acciones de masas y  generar una fuerza de choque capaz, si no de impedirlo, al menos de enfrentarlo en las calles?

¿Dónde estaban, tras consumarse el artero madrugonazo septembrino, las enfervorecidas masas perredeístas que tiempo antes habían  desafiado a los esbirros del trujillismo y las fuerzas de choque de los paleros, para tomar las calles y abrir a golpe de sangre y de arrojo surcos de libertad tras la desaparición del tirano?

Una aproximación serena a los testimonios y documentos que abordan  la compleja relación entre Bosch Presidente y el PRD y su dirigencia en aquellos difíciles momentos, apuntan a concluir que la misma estuvo lejos de ser cercana y armónica.

Don Ángel Miolán, entonces Presidente del PRD, afirmaría al respecto, veinte años después de consumado el golpe, en artículo escrito en enero de 1984:

La guerra fría que se había desatado entre Gobierno y Partido, era más que suficiente para destruir los nervios de cualquiera, por más resistencia que pudiera tener. Por una parte, la gente del Partido reclamaba que se cumplieran las promesas de la campaña electoral. Por la otra, el anillo palaciego desestimaba las demandas del perredeismo histórico.

En el medio el CEN y todo el liderato nacional, tratando de encauzar la situación. Tratando de evitar que las masas perdieran la paciencia. Había que andar a saltos de mata, escondiéndose de las masas, o esquivando su encuentro”.

Y continua afirmando Miolán:

El Profesor- Presidente había borrado de la lista de sus afectos, a esa formidable Organización que le había dado el triunfo. Desde aquel día- en que recibió una visita, casi clandestina, en que unos hombres fueron a hablarle de su preocupación, por esa maquinaria política que constituía el perredeismo histórico a la cual temían y de la cual desconfiaban- se había dado a la tarea de anular, o destruir, esa fuerza política que había amado tanto, y a la que tanto debía.

Por eso, con la mayor naturalidad del mundo, trató de conseguir que el Partido del Pueblo se dedicara a cumplir funciones propias de educación primaria. No como una función adicional, a sus tareas específicas, destinadas a la formación política de sus cuadros. Una función pedagógica nada más, pura y simplemente. Con eso buscaba la confianza de sus nuevos amigos, dándole la espalda a sus amigos de siempre.

De esta manera se entendía esa conducta del Señor Presidente. ¿ Estuvimos en lo cierto, o fue un error de apreciación? ¿Serían otras las motivaciones que movieron a nuestro Presidente a comportarse de este modo?

Situaciones como estas deben ser esclarecidas. Es la única forma de contar con una historia realística, basada en la verdad. Si ha habido error en la interpretación, bien valdría la pena que fuera señalado, a fin de que se hagan las rectificaciones necesarias”.

Un día antes del golpe, en horas de la mañana del 24 de septiembre de 1963, Don Ángel  Miolán, en condición del Presidente del PRD, acudió al Palacio Nacional con el propósito de externarle sus hondas preocupaciones al Presidente Bosch, dado que a su criterio, y conforme lo previamente expuesto, se había abierto “una grieta muy honda” entre el Partido y su líder principal.

No le fue posible encontrarse con Bosch y procedió a visitar entonces al Doctor Segundo Armando González Tamayo, entonces  Vicepresidente de la República.

Allí, en íntima confidencia, manifestó a su viejo amigo que estaba en disposición de marcharse al extranjero “ante la inutilidad de sus esfuerzos, por una rectificación de conducta en la cosa nacional”.

Los principales puntos de queja de Don Ángel ante González Tamayo, conforme el mismo revelara, fueron los siguientes, a saber:

1.- De que el Partido estuviera siendo tan mal tratado desde Palacio;

2.- De que los adversarios del perredeismo histórico tuviesen un mejor trato de parte de las autoridades nacionales

3.- De que se pretendiera cerrar los locales de la Organización o dedicarlos a funciones de escuelas públicas.

4.- De que los programas radiales del Partido hubiesen sido clausurados por una orden presidencial;

5.- De que la política económica del Gobierno diera señales, de mayor preocupación por nivelar el presupuesto, que por abrir fuentes de trabajo que permitieran al pueblo disfrutar de “las tres calientes”, o por lo menos de dos;

6.- De que la casa del Presidente del Partido fuese atacada dos veces por grupos de maleantes disfrazados, cumpliendo instrucciones políticas al grado de que la Policía tuvo que ser llamada para ponerlos en fuga.

7.- Que por intrigas de aposento y de Palacio, se hubiesen roto las tradicionales relaciones de amistad entre el Presidente de la República y el Presidente del Partido, integrantes del famoso binomio que el pueblo aclamaba.

Luego vendría la consumación del golpe injustificable y la persecución despiadada de los dirigentes perredeístas que es ya parte de la historia conocida, pero esa difícil relación entre Bosch y su partido es asunto que precisa un riguroso abordaje histórico, pues es lo cierto, como afirmaba Miolán, que la noche  del  golpe:

Las calles de la ciudad de Santo Domingo de Guzmán estaban desiertas. Uno que otro ciudadano circulaba cauteloso, esquivando el paso de los vehículos oficiales, que habían desatado una cazería contra la plana mayor del perredeísmo histórico.

El Profesor-Presidente había sido arrestado en Palacio. Cualquiera diría que las grandes masas nacionales sin excluir las perredeístas  asistían  al espectáculo de la caída del Gobierno del Profesor Bosch con una casi total indiferencia.

¿Por qué? Las grandes motivaciones de esta conducta.- ante el asesinato de la democracia que el pueblo se había dado,- deben ser investigadas exhaustivamente”.

Tristemente, ya el Profesor Bosch no está físicamente entre nosotros para que quienes nos dedicamos al cultivo de la historia dominicana podamos preguntarle, como él planteara en su queja de 1985, sobre las relaciones entre presidente,  partido y gobierno entre febrero y septiembre de 1963.

Ojalá los testigos de aquellas horas difíciles que aún viven,  nos ayuden a comprender mejor lo ocurrido entonces en torno a tan espinosa cuestión. Sería muy saludable que así fuera para edificación histórica de las presentes y futuras generaciones.

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