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El complot que tunbo al Jefe 2

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Escribe Eduardo garcia Michel

tumbó al jefe
Eduardo García Michel
El complot que tumbó al jefe es el título de mi libro puesto en circulación
recientemente, editado por el Archivo General de la Nación, con enjundioso
prólogo de José Rafael Lantigua y excelente presentación a cargo de Juan Daniel
Balcácer.
Lo dedico a Miguel Ángel Bissie Romero, uno de los integrantes de la gesta del 30
de Mayo, quien aún vive, a pesar del tiempo transcurrido, 63 años, y lo hace con
recato, humildad y dignidad. A él rindo homenaje por haber arriesgado su vida en
favor de las libertades del pueblo dominicano sin pretender nada a cambio, salvo
el trazo de una sonrisa agradecida.
Del complot que ajustició al tirano se ha escrito mucho. A pesar de eso persisten
distorsiones acerca de su origen, composición, desarrollo y figuras relevantes.
El libro amalgama historia con ficción.
Historia porque cuenta la trama del complot que se originó en junio de 1959 bajo el
influjo de la expedición heroica, en reunión celebrada en La Vega entre el general
Juan Tomás Díaz, jefe del departamento norte del ejército dominicano, Antonio de
la Maza Vásquez y Antonio García Vásquez, en la casa del general.
Y ficción porque utiliza el formato de novela, más asequible y comprensible a los
lectores. Desarrolla interacción y diálogo entre los personajes.
Lo que narro se basa en fuentes históricas y en mis vivencias de cuando, siendo
un adolescente, fui testigo casual de algunos detalles relacionados con la trama.
No conocía su significado, pero después se me hicieron obvios.
El telón de fondo es el ambiente en que se vivía en mi pueblo de Moca, reflejo del
terror que sufría todo el país.
Con el paso del tiempo ha tomado cuerpo la idea de que dentro de la conspiración
hubo varios grupos, trazando sus propios planes.
Comprendo la utilidad de esa categorización para fines de análisis, siempre que
se haga sin olvidar que solo hubo un complot, el del 30 de Mayo, y un solo grupo
organizado en células que respondían a Juan Tomas Díaz y a Antonio de la Maza
Vásquez.
Hubo una dirección central, integrada por Juan Tomás Díaz, Antonio de la Maza
Vásquez, Modesto Díaz Quezada, Miguel Báez Díaz y Antonio García Vásquez,
que se reunía esporádicamente en Santo Domingo en la residencia de Juan
Tomas Díaz, discutía las posibilidades, y en los meses finales de la conjura trazó

la estrategia de incorporar nuevos miembros, al tiempo que delineó los planes de
acción y político. Un solo plan, distintas vertientes.
Esa dirección manejó los hilos del complot. El destino quiso que quedara
descabezada luego del ajusticiamiento, salvo uno de ellos, Antonio García
Vásquez, quien sobrevivió sin que el aparato de inteligencia supiera que era uno
de los principales conspiradores, Los apuntes que dejó sirven de hilo conductor de
este libro.
Luego de la huida de la familia Trujillo la historia la fueron tejiendo quienes
también sobrevivieron y fueron señalados por la vocinglería oficial del régimen del
terror como los participantes en la muerte del jefe. Conocían el papel concreto que
se les tenía reservado, porque por su naturaleza todo debía manejarse con
extrema discreción. Y ahí, en ese interregno carente de luminosidad, se desdibujó
la historia.
Hay un punto que se ignora: el papel activo de Jean Awad Canaán como miembro
de la conspiración en su primera fase, abortado por el “accidente” que le tronchó la
vida.
Hay otros dos puntos sobre los que se han empleado ríos de tinta. Ambos los
abordo en la novela: las razones del fracaso de la fase de la toma del poder. Y
dirimir si el general José René Román Fernández fue traidor, héroe o mártir.
Hubo decisiones que resultaron fatales. Y el azar jugó un papel decisivo, los
acontecimientos se adelantaron, una parte de los integrantes del complot vivían en
Moca y no pudieron participar, lo que restó fuerza física e intelectual.
En la novela se expone el drama de la indecisión del general Román Fernández
que le llevó a una muerte horrible, siendo objeto de crueles torturas.
Aquellos acontecimientos forman parte de la historia nacional. También de las
vivencias de los descendientes de la gesta. Lo que sucedió fue terrible, afectó su
modo de vida y dejó traumas tan profundos que a la mayoría les ha sido imposible
quitárselos de encima y todavía gravitan sobre sus sienes con furia tormentosa.
Sea cual fuere el precio que se haya pagado, el complot, su ejecución, el
ajusticiamiento del tirano abrió nuevos cauces de entendimiento entre los
dominicanos que desde entonces han estado modelando su futuro en libertad y
democracia. ¡Valió la pena!

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